La artista moronense Isabel Valle realiza un mural dedicado a Almudena Grandes y a su obra "Los besos en el pan"
Un retrato de dos metros, realizado sobre las paredes de un transformador eléctrico, que le ha obligado a enfrentarse a un formato de estas dimensiones y a convertir elementos como tubos, canaletas, rejillas o cajas eléctricas en parte de una composición artística
Fecha: 11/09/2026
Hay obras que se pintan sobre un lienzo y otras que terminan formando parte de una ciudad. El último trabajo de Isabel Valle pertenece a las segundas. La artista moronense ha trasladado su particular mirada sobre el retrato hasta San José de la Rinconada, donde ha realizado un mural dedicado a la escritora Almudena Grandes.
El proyecto forma parte de la iniciativa municipal de La Rinconada "Lienzos Urbanos" que utiliza el arte urbano para acercar la literatura al espacio público. Y precisamente esa idea conecta con una de las características que más valora Isabel de este tipo de trabajos: la posibilidad de que el arte salga al encuentro de las personas sin que estas tengan que ir a buscarlo.
Para la artista, además, el encargo tiene un significado especial. No solo por tratarse de una obra de gran formato o por el personaje representado, sino porque supone que su trabajo sea reconocido fuera de Morón y llegue a personas que hasta ahora no conocían su pintura.
Hablamos con Isabel Valle sobre este mural, sobre el oficio de pintar y sobre lo que significa para una artista poder vivir de aquello que le apasiona.
“Fuera de Morón siempre es más complicado que recurran a ti”
Pregunta: Isabel, ¿qué supone para ti que hayan elegido tu trabajo para realizar un mural de estas características fuera de Morón?
Isabel: Como artista y como pintora, que te seleccionen porque tu pintura, tu estética, tu obra y tu forma de trabajar concuerdan con lo que está buscando la persona que te encarga un proyecto ya es bastante satisfactorio, tanto si ocurre en Morón como fuera.
En nuestra localidad ya conocen más mi trabajo y es más fácil que recurran a ti. Fuera siempre es más complicado. Por eso también tiene algo muy positivo: tu trabajo llega a más gente, a personas que no lo han visto nunca.
Para mí supone un gran orgullo.
“Tu trabajo llega a más gente, a personas que no lo han visto nunca. Para mí supone un gran orgullo.”
¿Te imaginabas hace unos años haciendo un retrato de dos metros de Almudena Grandes en plena calle?
La verdad es que no. Y creo que hay que darle visibilidad a algo que muchas veces olvidamos: es muy difícil poder vivir de la pintura.
Hace unos años, para nada me podía imaginar que me iban a llamar para hacer una obra de estas características. Por eso fue verdaderamente una gran alegría. Al final, supone llevar tu pintura a un lugar donde la pueden disfrutar otras personas.
“En un muro tienes que sintetizar mucho más”
¿Qué sentiste cuando viste el mural terminado?
Soy una persona bastante crítica con mi trabajo y, además, pintar en la calle no es lo mismo que pintar en el estudio.
En el estudio puedes dejar el lienzo, apartarte, volver después y seguir trabajando. En un muro tienes que hacerlo de una manera mucho más rápida. No puedes estar un mes trabajando sobre él; en unas cuantas jornadas tiene que estar terminado. Eso te obliga a sintetizar mucho más.
A mí me costó verlo terminado porque siempre encontraba cosas que mejorar, cosas que retocar. Pero llegó un momento en el que dije: “Hasta aquí”. La veía y pensaba: es ella, transmite lo que quiero que transmita, así que hasta aquí lo dejamos.
Y cuando finalmente lo vi completo, terminado y en conjunto, fue algo muy emocionante y muy gratificante.
¿Y qué cambia cuando pasas del lienzo a una pared? ¿Qué tiene de especial pintar en la calle?
Lo que uno siente como pintor es lo mismo. Lo que cambia fundamentalmente es el formato.
En cuanto a comodidad, trabajar sobre un lienzo, en el estudio, es mucho más cómodo. Tienes tiempo para retocar y para dejar reposar la obra.
En la calle tienes el sol, el aire, el calor… y no puedes permitirte parar una hora y después retomarlo tranquilamente. Esa incomodidad existe.
Pero tiene una ventaja enorme: la obra llega mucho antes al público. La gente va andando y se la encuentra. Y, además, el público puede ser testigo del propio proceso pictórico, del proceso de creación. Eso normalmente pertenece al espacio privado del artista y creo que para las personas también es muy interesante ver cómo se va ejecutando una obra.
Un mural para Morón: del flamenco a los jornaleros
Si algún día pudieras elegir libremente un tema de Morón para convertirlo en mural, ¿qué pintarías?
Me gusta mucho pintar a las personas y a su entorno. Y dentro del entorno me interesa especialmente poner el foco en aquello que normalmente pasa desapercibido.
Para mí sería un reto y me encantaría pintar a alguno de los grandes artistas flamencos que tenemos en Morón, precisamente por esa carga expresiva que tienen y que es algo que siempre busco en mi pintura.
Por ejemplo, un mural de Juana Amaya sería una pasada.
Pero también me gusta hablar de la gente de a pie. De los jornaleros de la aceituna, por ejemplo. La agricultura tiene un papel muy importante en nuestro entorno y creo que reflejar esa parte más social del trabajo ligado a nuestra localidad podría ser muy interesante para plasmar en un mural.
“Me interesa poner el foco en aquello que normalmente pasa desapercibido.”
Una Almudena Grandes natural, íntima y alejada de la pose
En el mural has querido mostrar a Almudena Grandes de una manera muy concreta. ¿Qué buscabas transmitir con su imagen?
En mi pintura en general, pero especialmente en los retratos, busco captar lo natural y lo espontáneo, esa parte íntima y relajada de las personas.
Es algo que además contrasta con la imagen que actualmente predomina en las redes sociales, donde muchas fotografías están muy pensadas para que las vea el otro.
Busqué una imagen de Almudena que me gustó mucho. Aparecía sentada, leyendo, en una pose relajada. Me transmitió algo y me gustó. Además, el hecho de que estuviera leyendo conectaba muy bien con su faceta de escritora, que era precisamente la que queríamos potenciar.
Eso es lo que he querido transmitir: una imagen reconocible de Almudena Grandes, pero llena de naturalidad.
“En el arte urbano la imagen te aborda sin permiso”
El mural está en la calle y tiene, además, un componente literario. ¿Qué puede aportar el arte urbano para acercar la literatura a personas que quizá no entrarían en una biblioteca o en una librería?
Las imágenes del arte urbano son bastante potentes a la hora de transmitir.
Para acercarte a otro tipo de imágenes tienes que tener interés en conocerlas y dar el paso de acercarte. En cambio, en el arte urbano la imagen te aborda sin permiso. Te guste o no, está ahí.
Creo que eso es muy ventajoso y, en este caso concreto, muy potente para fomentar la cultura y, especialmente, la literatura.
Un rostro de dos metros y un transformador lleno de obstáculos
¿Qué parte del mural te llevó más trabajo? ¿Y cuál es la que más orgullosa te hace sentir?
Lo que más tiempo me llevó pintar fue el propio rostro de Almudena y, al mismo tiempo, es la parte que más orgullosa me hace sentir del mural.
He podido captar esa faceta de ella que quería transmitir, es reconocible y, además, ha gustado.
Pero si hablamos de la primera fase del proyecto, lo que más quebraderos de cabeza me dio fue el propio diseño del mural y cómo adaptarlo a las paredes de las que disponía.
Eran dos paredes de un transformador eléctrico llenas de elementos: tubos, canaletas, cajas con cables, dos rejillas de ventilación, una puerta… Tener que integrar todos esos elementos dentro de una imagen que funcionara y que mantuviera su coherencia fue probablemente lo que más me costó.
Y precisamente todos esos elementos forman ahora parte de la obra. ¿Hay algo que el público deba mirar con especial atención?
La idea es que la mirada se pose en la cara de Almudena, que el foco esté ahí.
Por eso el rostro tiene tantas pinceladas, mucha textura y está mucho más elaborado, mientras que los edificios de Madrid están muy simplificados y realizados con tintas planas. Ese contraste es intencionado.
Pero yo animaría al público a hacer otra cosa: intentar identificar los edificios que he recreado de Madrid. Les invito a intentar adivinar qué monumentos son a través de sus propias siluetas.
“Mi verdadero reto es seguir dedicándome a la pintura”
Después de este proyecto, ¿cuál es tu próximo reto?
Mi verdadero reto es seguir dedicándome a la pintura, poder seguir pintando.
A veces es complicado compaginarla con el día a día y con otros trabajos y conseguir sacar tiempo para pintar. Pero es algo muy gratificante para mí.
Ahora, además, estoy inmersa en el comienzo del nuevo curso del taller de pintura, que es algo que me apasiona: poder enseñar a mis alumnos, acompañarlos y guiarlos en su proceso de aprendizaje y ayudarles a encontrar su propia estética y su propia mirada.
Porque, al final, quizás ese sea también uno de los grandes retos de cualquier artista: encontrar una mirada propia y conseguir que esa mirada llegue a los demás.
Y en el caso de Isabel Valle, esa mirada acaba de salir de su estudio para instalarse en plena calle, en un mural que lleva el rostro de una de las grandes escritoras españolas a un espacio cotidiano y que, de paso, lleva también el nombre de una artista moronense mucho más allá de su localidad.
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